Algunas reflexiones sobre la profesión de arquitecta desde el cooperativismo

15/07/2021
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Per Núria Colomé Montull, del equipo de vivienda y urbanismo de Celobert

Quizás todas nos hemos planteado alguna vez que hace de nosotras unas profesionales. Seguro que son muchas cosas, pero hay una muy sencilla, que para mí es clave: una persona profesional es aquella a quien le importa el resultado del trabajo que hace.
Cambios en el paradigma de la profesión

Los nuevos colectivos de arquitectos que están surgiendo en el entorno español nos hablan de un cambio de paradigma en la profesión basados en dos grandes saltos: la organización a partir de cooperativas y el papel central de las mujeres.

Las cooperativas, a partir de sus 7 principios básicos (establecidos desde 1995 por la Alianza Cooperativa Internacional) se basan en los valores de la autoayuda, la responsabilidad, la democracia, la igualdad, la equidad y la solidaridad, y creen en la honestidad, la transparencia, la responsabilidad y la vocación social. Estos valores, vinculados a nuestro trabajo técnico, nos impulsan a trabajar para la mejora y la transformación social y por lo tanto con clara vocación de profesionalidad.

A la vez, el cooperativismo establece una forma de organizarnos como profesionales y de trabajar con nuestro entorno y clientes que se basa en el cuidado, la ayuda mutua, la democracia interna, el respeto y la colaboración, entre otros. Esta manera de trabajar, en la que los valores que queremos trasladar hacia fuera los aplicamos también en nuestra práctica diaria, impulsa a los grupos de arquitectas y arquitectos jóvenes a organizarse a partir de cooperativas de trabajo, que rompen con la estructura tradicional de la profesión basada en despachos con unos arquitectos que dirigen y un equipo flotante de arquitectos y arquitectas que les dan apoyo.

Las mujeres, desde hace muchos años, son la mayoría de nuevas arquitectas surgidas de las universidades. No obstante, la profesión, como tantas otras, sigue asociada a estereotipos de género que cuesta romper. Nos siguen representando los Colegios de Arquitectos (que no han cambiado su nombre para incluirnos) y en muchos foros de arquitectura la presencia de las mujeres sigue siendo muy inferior a su papel real en la profesión. No obstante, las mujeres estamos aportando a la profesión nuestra experiencia personal y contribuyendo a cambiar la manera de proyectar ciudades y viviendas desde una perspectiva de género y no jerárquica, que sitúe la vida en el centro.

Nuestro papel como profesionales

Nuestra actuación como arquitectas nos obliga a tomar partido y a decidir cuál es el papel que como profesionales queremos desempeñar en cada proyecto. Aquí algunas cuestiones que seguro que alguna vez deberemos preguntarnos:

  • Actuación sujeta a las normas. Nuestra actividad se sujeta a unas leyes y normas que debemos cumplir, pero nuestra lectura de ellas no puede ser acrítica, ya que nos puede llevar a resultados no deseados. En este sentido, como profesionales debemos cuestionarnos los efectos del cumplimiento literal de las normas y plantearnos si son justas.

Esta reflexión nos puede (y nos debe) llevar a trabajar como profesionales acompañando la lucha contra estas normas y a favor de los derechos, entre ellos el derecho a la vivienda y a la ciudad.

  • Choque ético (ética cívica VS ética personal). Las profesionales, por definición, estamos al servicio de la sociedad y debemos ser el motor que posibilite la aplicación de derechos. El avance de la sociedad en la conquista de derechos puede llegar a cuestionar nuestra actuación. En este sentido, no podemos trabajar guiadas únicamente por nuestra ética si esta contradice procesos sociales de consecución de derechos.

Actualmente existen diferentes conflictos que ponen de relevo este choque como la interpretación sexista de las leyes, vinculada a los prejuicios de parte del sector judicial o las dificultades que viven las mujeres que quieren acceder a su derecho al aborto cuando las profesionales que deben hacerlo posible aducen conflictos éticos y, por tanto limitan sus derechos.

  • Instrumento para el desarrollo de las políticas públicas. Nuestra actuación como profesionales, especialmente en el campo del urbanismo y de la interacción pública, debe darse bajo la conciencia de que la sociedad, las personas que viven en un municipio, no nos han elegido a nosotros, sino a unas representantes políticas. Nuestro papel debe ser el de acompañar a estas representantes para que conozcan cómo lograr lo que han prometido y sus efectos negativos y positivos. Como profesionales tenemos la responsabilidad de ofrecer nuestra visión, abrir propuestas para servir de la mejor manera posible a la ciudad que nos contrata, advertir de las contradicciones, y en caso necesario dar a conocer posibles engaños, pero siempre bajo la consciencia que nadie nos eligió a nosotras.

Nosotras somos catalizadoras de cambios, pero no protagonistas cuando actuamos como profesionales al servicio de la administración. La puerta al activismo social siempre está abierta a las profesionales que se suman a las luchas, pero no desde una posición de poder que no les corresponde.

  • A qué lado de las políticas públicas nos situamos como colectivo. La política pública vinculada al hábitat en clave de derechos está resurgiendo y las profesionales del territorio debemos decidir  de que lado nos situamos, si aquel que ofrece más beneficios a la sociedad o aquel que beneficia a nuestro colectivo. Es el momento de vincularnos a la ciudadanía que necesita que defendamos sus derechos, y olvidar los intereses inmobiliarios que nos pueden contratar. Nuestra actuación pública, como profesionales y como colectivo, no debería dejar dudas en relación a para quien realmente trabajamos. 
El nuevo papel de las arquitectas

En el imaginario colectivo, la arquitectura se ha ido limitando a una función estética, centrada en el diseño de edificios y espacios, que obviamente nos es propia, pero no debería ser limitante.

Proponemos recuperar el papel como garante de la habitabilidad y por extensión del derecho a una vivienda digna y a la ciudad. Debemos contribuir a construir un nuevo papel como acompañante de procesos. Las profesionales debemos ser agentes con capacidad de escuchar y conjurar el conocimiento técnico amplio para acompañar los procesos sociales. Cada vez más necesitamos conocer y escuchar porque son los colectivos quienes eligen su camino.

Para conseguir este papel debemos mezclarnos, nuestra misión básica debería ser garantizar la habitabilidad y sus derechos, pero este objetivo no lo conseguiremos sólo con el trabajo de las profesionales que diseñan el territorio, sino también con las profesionales que acompañan para hacer posible la construcción, transformación o reforma.

El papel de los colegios profesionales

Para terminar, una profesión organizada a través de colegios profesionales tiene que plantear cual debe ser su papel. En su origen, los colegios profesionales eran una organización para la autoregulación de las profesiones, que debía garantizar la buena praxis. Así pues, deben ser organizaciones que persigan la defensa de la profesionalidad frente a malas prácticas, y ofrecer a las profesionales instrumentos para su mejora constante. Este objetivo debería alejarlas de la defensa de las personas afiliadas en relación a la ciudadanía o los intereses públicos.

Foto portada: Alumnas del taller téxtil de la Bauhaus, T. Lux Feininger, 1927